Escribir una carta a un ser querido que ha fallecido es un ejercicio terapéutico poderoso. Si estás pasando por este proceso, recuerda:
Querida Mamá,
Recuerdo todos los momentos felices que compartimos, las risas, las lágrimas, los triunfos y los fracasos. Cada recuerdo de ti es un tesoro que atesoraré siempre en mi corazón. Me duele no poder compartir mis días contigo, no poder escucharte, no poder sentir tu calor. carta para mi madre fallecida para llorar
Con el alma hecha pedazos, pero llena de ti,
Sin embargo, en medio de este llanto que hoy me desborda, también quiero decirte gracias. Gracias porque, aunque ya no estés físicamente, descubro que vivo en tus gestos. Me miro al espejo y veo tus ojos; hablo y a veces escucho tu tono de voz en mis propias palabras. Escribir una carta a un ser querido que
Sin embargo, quiero que sepas, allá donde estés, que no todo es tristeza. Entre este mar de lágrimas, encuentro islas de gratitud. Gracias por haberme elegido, aunque sea por un tiempo prestado, para ser tu hijo. Gracias por las cicatrices de tu amor, por cada sacrificio que hiciste en silencio y por cada sonrisa que me regalaste. Soy quien soy gracias a ti; mis valores, mi fuerza y mi manera de querer al mundo son el eco de tu voz en mi interior.
Mamá, ¿sabes qué es lo más difícil? No fue el día que te fuiste. Fue el día después, y el otro, y todos los días sin tu risa. Es aprender a vivir con este agujero que no se llena con nada. Es querer preguntarte cómo se hace esto de crecer sin ti. Es darme cuenta de que nunca voy a escuchar tu voz diciendo mi nombre otra vez. Me duele no poder compartir mis días contigo,
No te digo adiós, porque el amor que nos une no entiende de distancias ni de dimensiones. Te digo "hasta luego". Mientras tanto, buscaré tus señales: en el aroma de las flores, en el calor del sol de la tarde o en esa canción que suena de la nada cuando más te necesito.
Te quiero, mamá. Te quiero con todas las lágrimas que he llorado y con todas las que me quedan por llorar.
Te extraño más de lo que las palabras pueden decir, y te amaré hasta el último día de mi existencia.
Seguiré adelante, mamá. Lo haré con el dolor a cuestas, pero también con el orgullo inmenso de haber sido parte de ti. Cada logro que alcance, será tuyo también. Cada risa que brote de mis labios, tendrá un pedacito de la alegría que me enseñaste.